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Leyenda al otro lado de la pantalla

Leyenda al otro lado de la pantalla

Esta leyenda ocurrió en marzo del año 2000 en un condado de Illinois en los Estados Unidos.
Chloe acababa de recibir su ordenador nuevo y estaba ansiosa por conectarlo a internet, pues sus amigas le habían contado que en las salas de chat podía encontrar a su media naranja.

Conectó el cable del teléfono al puerto indicado y acto seguido abrió su explorador de Internet y escribió una dirección de chat. Inmediatamente Chloe quedó impresionada al ver la cantidad de temas de los cuales se podía conversar ahí. Desde leyendas antiguas, hasta lo que a ella le interesaba en ese momento, que como todos saben era encontrar pareja.

Ingresó sus datos y esperó a que un internauta se conectara con ella. Más rápido que un rayo comenzó a charlar con Justin, un sujeto que le dijo que vivía en Chicago. Luego de platicar por varias horas la chica se despidió y le dijo:

– ¡Me parece estupendo que vivamos en la misma ciudad! Tendremos que vernos en persona pronto, me encantó conversar contigo.

– Y porque esperar… Puedo ir a tu casa ahora mismo. Sé dónde vives.

– ¿Sí? No te creo.

– Vives en un apartamento, en un edificio de color café que está en una esquina. ¿O me equivoco?

– ¡Es verdad! No me explico cómo sabes eso.

– Ya te lo dije Chloe, he seguido tus pasos muy de cerca. Conozco tus gustos, inclusive he hablado con tu madre. Me interesas. Voy a irte a buscar, no te muevas tu casa, llego en media hora.

La muchacha no podía moverse de su asiento del susto que le había provocado esa conversación. Cuando pasaron 30 minutos, empezaron a golpear la puerta de su departamento.

Chloe entró en pánico, lo que provocó que no llamara a emergencias e informara de la situación que estaba pasando. Subió a la azotea y temblando de miedo se aventó al vacío creyendo que era la única manera de salvarse del ataque del acosador.

12 horas más tarde, los periódicos publicaban esta trágica historia titulándola así: «otra broma pesada que termina en suicidio». El tabloide señalaba que el supuesto perseguidor de la joven, había sido una de sus amigas, la cual quiso jugarle una broma.

En la actualidad la otra chica se encuentra en un hospital psiquiátrico.

Cuento popular los dos gatos

Cuento popular los dos gatos

El cuidador colocó a un gato delgado y desnutrido en una jaula. Frente a él se hallaba otro felino del mismo color pero en condiciones totalmente distintas, es decir, era gordito y su pelaje lucía esponjoso y suave. El gato saludable le preguntó a su vecino que si le gustaban los cuentos populares a lo que él respondió:

– Sí, disfruto de los cuentos populares y también de algunas leyendas. ¿Por qué te trajeron acá? No pareces alguien que ande por las calles. Más bien pareces un minino de casa.

– Efectivamente, vivo en una casa muy grande con mi amo. Él me da todo lo que pido. A diario desayuno una lata de atún o si lo deseo, puedo pedir también un filete de salmón ahumado. Pero ya me estoy desviando de lo que me preguntaste. La razón por la que me trajeron a este refugio de animales es que salté por la ventana para perseguir un pajarillo y luego ya no supe regresarme.

– ¿Oye y no crees que en tu hogar tengan un huequito para un gato más? No como mucho y soy un experto cazando ratones.

– Sí, la casa es muy grande y no veo que haya ningún inconveniente para que mi dueño te acepte. Además te aseguro que la vida allí es el paraíso. En las mañanas me levanto y me arrastro para agarrar mi bola de estambre. Me paso jugando con ella por horas y horas hasta que mi amo regresa de trabajar. Luego lo único que debo hacer es ronronear y echarme junto a sus pies. Posteriormente me acomoda en una cobijita suave de lana y a dormir se ha dicho. Se me olvidó decirte que tengo mi traste con agua y mi arena lista para lo que se ofrezca.

– Suena estupendo pero… ¿Cuando sales a pasear?

– Sólo que mi amo me lleve en su auto, de lo contrario no tengo permitido salir.

– ¿Significa que sacrificaste tu libertad con tal de tener lujos y comodidades?

– En cierto modo, aunque no me molesta en absoluto.

– Olvida lo que te dije hace un momento. Elijo quedarme en los huesos pero tener la oportunidad de ir a donde yo desee en el momento en que así lo quiera, que pasar el resto de mis días en una jaula de oro.

Cuento popular del escorpión

Cuento popular del escorpión

Además del calor, en el desierto tienes la oportunidad de cruzarte con un sinfín de alimañas ponzoñosas, las cuales pueden acabar con tu vida en un santiamén. Néstor sabía esto la perfección, por eso aunque pasaba gran parte de su día entre nopales y cactus, vigilaba que no se le acercara uno de esos bichos raros que aparecen en tantas y tantas leyendas.

Se me viene de la mente las leyendas y los cuentos populares de los escorpiones. Esos pequeños animalitos que se esconden debajo de la arena para atacar a su víctima sin ser vistos.

Me cuentan que un día que Néstor fue a cortar unas tunas, se distrajo pues ese día en particular hacía mucho calor y el agua de su cantimplora se había agotado. La única manera que tenía de saciar su sed en ese momento era pelando uno de los frutos que acababa de recolectar.

Tomó su machete y peló la tuna. Comenzó a saborearla detenidamente, pues el líquido que de ésta salía era fresco y delicioso. En eso estaba cuando sintió un fuerte piquete. Movió la cabeza hacia abajo y vio como un escorpión se retiraba del lugar.

Presurosamente, tomó a la sabandija de la cola y le dijo:

– No merezco que me mates. Yo no te he hecho nada.

– Eso lo sé, pero en esta zona del desierto impera la ley del más fuerte. Si tú no me matas, alguien de tu especie lo hará. Respondió el alacrán.

Los movimientos y la velocidad con la que Néstor pronunciaba las palabras, cada vez se hacían más lentos debido a que el veneno avanzaba poco a poco por su sistema. En el instante en que el hombre iba a exhalar su último aliento, el escorpión se le acercó y volvió a picarlo.

– No morirás el día de hoy. Pero te convertirás en uno de los míos y así te darás cuenta que tu especie no respeta a ningún ser vivo. Pronunció el bicho.

Néstor quedó convertido en un escorpión al pie de ese nopal.

Cuento popular una lección para Giorgio

Cuento popular una lección para Giorgio

Millones de veces hemos leído que en los cuentos populares los protagonistas son reyes, príncipes o princesas a los que les toca enfrentarse con uno o varios obstáculos, pero que al final de cuentas salen airosos.

Por fortuna hay otros cuentos populares que no se limitan sólo a eso, sino que invitan al lector a reflexionar sobre sus propias acciones.

Giorgio era el más pequeño de una familia acaudalada que vivía a las afueras de la ciudad. Para su cuidado tenía a su disposición a dos nanas y dos mayordomos, quienes se dividían el trabajo en dos turnos con el fin de no dejarlo solo ni un instante.

El niño los trataba muy mal y de vez en cuando hasta los ofendía, diciéndoles que su tarea era la de obedecer y nada más.

Sin embargo, las veces que lo llegó a escuchar su padre, dedicaba unos minutos para reprenderlo fuertemente pues le comentaba que independientemente de la labor que una persona desempeñara, todos los seres humanos eran iguales y por consiguiente debían ser tratados con respeto.

Desgraciadamente por culpa de unos malos negocios en la Bolsa de Valores, la familia de Giorgio se en vio la necesidad de vender sus propiedades y quedar prácticamente en la ruina.

Posteriormente su madre murió como consecuencia de una grave enfermedad y su padre se suicidó al ver cómo su vida se había desmoronado.

Solamente quedaban Giorgio y su hermano mayor, quien se enlistó en el ejército y de vez en cuando le mandaba unos cuantos pesos para su manutención. No obstante, el dinero no era suficiente por lo que el chico buscó trabajo.

Vio que en una zapatería que estaba cerca del albergue en donde pernoctaba, solicitaban un ayudante. Sin preguntar cuál sería el sueldo que ganaría, Giorgio mirando hacia el suelo le suplico al dueño que le diera el puesto:

– Estoy muy necesitado. Prometo que haré todo lo que me pide y lo que no sepa, lo aprenderé.

– Por supuesto Giorgio, el empleo es tuyo. Dijo el encargado.

Cuando el muchacho levantó la vista se sorprendió, pues observó que quien le hablaba no era otro que Hipólito, uno de sus mayordomos a quien había humillado muchas veces.

– Perdóname Hipólito por lo que te hice en mi niñez. Ahora veo que la vida da vueltas.

– No tengo nada que perdonarte Giorgio, creo que hoy has aprendido una valiosa lección.

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