Cuento de terror el pozo de las cadenas

Cuento de terror el pozo de las cadenas

Mi tío Germán desde muy joven se fue a vivir al norte del país. Escogió irse a Baja California, porque de ese modo le quedaba muy fácil cruzar a los Estados Unidos para comprar cosas que no había en este territorio.

Me acuerdo perfectamente que un día que lo fui a visitar, me platicó un cuento de terror que me erizó el cabello, mientras íbamos con dirección a su domicilio. Según él, hace muchos años, cerca del pueblo de Tecate lo único que se podía vislumbrar eran caminos de tierra y uno que otro campo que la gente utilizaba para el cultivo.

Una calurosísima tarde, varios forasteros que transitaban por la vereda principal, se encontraban muy cansados debido a que habían recorrido varios kilómetros sin descanso y como sabes, ese tipo de suelo hace que la temperatura se conserve por más tiempo, haciendo prácticamente imposible que una persona pueda soportar mucho tiempo sin beber agua.

– Tengo mucha sed y ya se nos terminó el agua de nuestras cantimploras. Menciono uno.

– ¡Aguarda! Allá adelante hay un hombre, le preguntaré si sabe dónde podemos refrescarnos. Muy buenas tardes señor. Dijo el que comandaba la expedición.

– Buenas tardes ¿Ustedes no son de por aquí verdad?

– No señor, vamos de paso. Nuestro más grande anhelo es llegar a Tijuana lo antes posible, ya que tenemos un negocio pendiente que no puede esperar.

– ¡Jóvenes temo decirles que todavía les falta un largo trecho por recorrer! Respondió el aldeano.

– Oiga y ¿no sabe dónde podemos encontrar un poco de agua?

– Vengan a mi casa. Tengo el pozo casi lleno, les daré suficiente para que se refresquen y llenen sus recipientes a fin de que puedan continuar su camino.

– Se lo agradecemos mucho señor.

Llegaron a la morada del pueblerino y éste no solamente les ofreció la bebida prometida, sino que también les dio suficiente comida para qué repusieran las fuerzas perdidas por culpa del ardiente sol de Tecate.

La noche cayó acompañada de acompasados aullidos de coyotes que dirigían sus lamentos hacia la luna. Los forasteros no hicieron el más mínimo intento por marcharse y continuaron conversando hasta altas horas de la madrugada.

Se comenta que los vecinos de aquel lugar escucharon aproximadamente a las tres de la mañana, un fortísimo alarido que parecía el grito de alguien al que le hubieran sacado el corazón.

La verdad es que a la mañana siguiente, una persona que vivía cerca de esa casa entro al domicilio, pues le llamó la atención de que la reja estuviese abierta. Lo que encontró fue una escena que puso de manifiesto la barbarie humana.

El cuerpo del dueño de la casa yacía inerte dentro del pozo. Éste se encontraba fuertemente sujeto por gruesas cadenas. Cuando lo sacaron de allí, la gente vio como carecía de las extremidades superiores, al igual que de los ojos y lengua.

Además había sido apuñalado más de 20 veces en la espalda y otras tantas en el abdomen. Por esas razones, el agua del pozo estaba teñida de rojo. A la fecha, la gente que pasa durante la noche por las ruinas de esa vivienda, afirma que se escuchan fuertes lamentos.

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