Cuento popular una lección para Giorgio

Cuento popular una lección para Giorgio

Millones de veces hemos leído que en los cuentos populares los protagonistas son reyes, príncipes o princesas a los que les toca enfrentarse con uno o varios obstáculos, pero que al final de cuentas salen airosos.

Por fortuna hay otros cuentos populares que no se limitan sólo a eso, sino que invitan al lector a reflexionar sobre sus propias acciones.

Giorgio era el más pequeño de una familia acaudalada que vivía a las afueras de la ciudad. Para su cuidado tenía a su disposición a dos nanas y dos mayordomos, quienes se dividían el trabajo en dos turnos con el fin de no dejarlo solo ni un instante.

El niño los trataba muy mal y de vez en cuando hasta los ofendía, diciéndoles que su tarea era la de obedecer y nada más.

Sin embargo, las veces que lo llegó a escuchar su padre, dedicaba unos minutos para reprenderlo fuertemente pues le comentaba que independientemente de la labor que una persona desempeñara, todos los seres humanos eran iguales y por consiguiente debían ser tratados con respeto.

Desgraciadamente por culpa de unos malos negocios en la Bolsa de Valores, la familia de Giorgio se en vio la necesidad de vender sus propiedades y quedar prácticamente en la ruina.

Posteriormente su madre murió como consecuencia de una grave enfermedad y su padre se suicidó al ver cómo su vida se había desmoronado.

Solamente quedaban Giorgio y su hermano mayor, quien se enlistó en el ejército y de vez en cuando le mandaba unos cuantos pesos para su manutención. No obstante, el dinero no era suficiente por lo que el chico buscó trabajo.

Vio que en una zapatería que estaba cerca del albergue en donde pernoctaba, solicitaban un ayudante. Sin preguntar cuál sería el sueldo que ganaría, Giorgio mirando hacia el suelo le suplico al dueño que le diera el puesto:

– Estoy muy necesitado. Prometo que haré todo lo que me pide y lo que no sepa, lo aprenderé.

– Por supuesto Giorgio, el empleo es tuyo. Dijo el encargado.

Cuando el muchacho levantó la vista se sorprendió, pues observó que quien le hablaba no era otro que Hipólito, uno de sus mayordomos a quien había humillado muchas veces.

– Perdóname Hipólito por lo que te hice en mi niñez. Ahora veo que la vida da vueltas.

– No tengo nada que perdonarte Giorgio, creo que hoy has aprendido una valiosa lección.

Comparte estos cuentos populares con tus amigos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *