Las Teclas de Marfil

Las Teclas de Marfil

En una ciudad de provincia del sur de la Argentina se cuenta la historia de un talentoso pianista quien desde antes de cumplir los diez años ya era el mayor concertista de su comunidad. A la edad de nueve años Damián, el joven prodigio, fue llevado a estudiar música en París para explotar todo su potencial.

El éxito del joven en Europa fue tal que nunca volvería a su tierra, pues los conciertos y presentaciones se sucedían noche tras noche en la vida de Damián. Tan concurrida como su vida profesional era la amorosa del joven, quien no solo conquistaba mujeres con su maestría sobre las teclas sino con los dominios de otras artes.

Muchas fueron las jóvenes y no tan jóvenes que pasaron por los brazos de la prominente estrella, pero solo una la dueña de su corazón. Teresa se llamaba, era una joven peruana de la alta sociedad cuya vida se dividía entre Lima y Paris. Pero quiso el destino que esta joven, una de las más bellas doncellas nacidas en el altiplano, declinara continuamente los intentos del joven pianista.

Las historias cuentan que Damián, como parte de sus galanterías dedicaba conciertos enteros a la joven que de vez en cuando asistía a escucharle, pues su padre era fanático del piano. Una noche, presa de profunda tristeza por los desplantes de la joven el pianista compuso una balada para piano muy triste, que según sus vecinos desgarraba la oscuridad parisina.

Esta melodía nunca sería presentada oficialmente, pues esa noche desdichada Damián dio fin a su vida que, a pesar de que parecía llena de satisfacciones, nunca fue exitosa en el amor. Cuentan que de vez en cuando las teclas de su piano favorito, que reposa en un museo parisino, llora solo la triste melodía

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